Bodega Contador
Tras su paso por Artadi, en donde ejerció de enólogo hasta el año 2000, Benjamín Romeo se volcó de lleno en su proyecto, Bodega Contador. Conocedor como pocos de los mejores viñedos de la zona, fue buscando pequeños majuelos en los alrededores de San Vicente de la Sonsierra, en las laderas de la Sierra de Toloño, que tuviesen las condiciones que él demandaba. Sus inicios comienzan como un “vino de garaje” en su acepción más literal, ya que habilita el garaje de la casa de sus padres, desplazando los coches y el tractor para dejar hueco a una sucesión de pequeños depósitos de roble y a dos hileras de barricas procedentes de las mejores tonelerías francesas.
Con Contador 2003 alcanza los 99 puntos Parker, y el gurú americano le otorga el pleno en las dos añadas siguientes. La fama de Contador se extiende como la pólvora y las poco más de 4.000 botellas que salen de Contador empiezan a ser motivo de especulación en los mercados, alcanzado precios inimaginables. Tras Contador y La Cueva del Contador, sus dos primeras marcas, lanza La Viña de Andrés Romeo, un vino
procedente del viñedo que le da nombre; y Predicador, en blanco y tinto, un vino más asequible a los bolsillos del consumidor. Por fin, en 2008 se inaugura la nueva bodega de Contador, un edificio en medio del viñedo de San Vicente, diseñado por el arquitecto catalán Héctor Herrera, que ocupa 2.700 metros cuadrados y con capacidad para elaborar 150.000 botellas, cifra algo alejada aún de su producción actual, pero que no quedará lejos de su objetivo último.